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Los hombres del muelle

11 de Mayo de 2017    |    Puerto

El equipo de marinería del club, dirigido por el contramaestre Eduardo Florit, se ocupa de atender a los socios, remolcar barcos y mantener el buen estado de los amarres y los trenes de fondeo

“El marinero del puerto es la primera persona con la que tiene contacto cualquier navegante que arribe al club, de ahí que, además de su capacitación profesional, sea fundamental la imagen que transmite”. Habla Eduardo Florit Sansó, de 37 años, contramaestre mayor del Real Club Náutico de Palma (RCNP) y responsable de su servicio de marinería.

Los trabajadores de este departamento esencial para el buen desarrollo de la actividad portuaria, explica Florit, han dejado de ser simples amarradores para convertirse, junto al personal de Capitanía, en los primeros “relaciones públicas” del puerto. “Una de las cualidades que exige este trabajo es el buen trato con los socios y usuarios, y un cierto dominio del inglés. Estamos aquí para darles soporte y contribuir a que su estancia sea lo más agradable, aunque nuestras funciones, lógicamente, son mucho más extensas”.

El Real Club Náutico de Palma cuenta con una plantilla de 11 marineros y dos contramaestres que se distribuyen el trabajo por turnos, de manera que siempre hay un responsable de organización y tres operarios. “Hacemos muchas cosas, nos ocupamos de mantener el puerto limpio y en buen estado, detectamos incidencias y las transmitimos al área de mantenimiento, con la que colaboramos siempre que nos lo reclama. También cambiamos las cadenas, arreglamos los trenes de fondeo, ayudamos a amarrar y realizamos remolques”, señala Eduardo Florit.

La labor del día a día se organiza en una reunión a primera hora de la mañana. El objetivo es atender las necesidades más urgentes del puerto para posteriormente centrarse en trabajos “estructurales”, a medio o largo plazo. Algunos de estos cometidos, apunta el contramaestre mayor, son “bastante exigentes y hay que andar con pies de plomo, siendo muy estrictos con la seguridad”.

Se refiere, por ejemplo, a los cambios de ramales o trenes de fondeo, en los que se suelen utilizar globos de aire comprimido para desplazar grandes bloques de piedra del fondo marino. En esta y otras tareas participan los buzos del club, que de algún modo, en palabras de Jaime Carbonell, director del RCNP, “forman parte del equipo de marinería, con cuyos integrantes trabajan de manera regular”. La legislación vigente en materia de seguridad laboral obliga a que cualquier trabajo subacuático se realice con un buzo en agua, otro en la barca de apoyo y un patrón. Ello hace necesario contar con al menos tres especialistas.

Las fechas de mayor carga de trabajo coinciden con la temporada alta, cuando se incrementa de manera significativa el tráfico portuario, pero sobre todo con las grandes regatas de crucero que organiza el club. La llegada de más de un centenar de barcos que no tienen su base habitual en el puerto hace que sea necesario reasignar temporalmente nuevos amarres. “Los socios son conscientes de ello, están acostumbrados y se muestra colaboradores por lo general. Hay armadores que nos dejan mover su barco mediante remolque sin ningún problema, pues saben que lo haremos con sumo cariño, y otros que prefieren hacerlo ellos, lo cual es también muy comprensible”, asegura Eduardo Florit.

La logística portuaria durante las regatas se suma a la tarea diaria de los marineros, por lo que en ocasiones se refuerza el equipo: “No podemos dejar de atender a los propios socios o a otras embarcaciones en tránsito, ni tampoco fallar en el servicio a los participantes en la regata. Son días en los que hay mucho qué hacer y que nos ponen a prueba, pero siempre nos quedamos satisfechos con lo conseguido. En este aspecto creo que el RCNP no es comparable a ningún otro puerto de Baleares”.

Eduardo Florit lleva ya 17 años ligado laboralmente a la entidad. En este tiempo se han producido “pocas incidencias importantes”. Uno de los momentos más complicados lo vivió en 2006, cuando un temporal “doblo literalmente” un pantalán flotante y provocó que algunos barcos grandes del pantalán principal se golpearan contra el muelle. Tres años antes, un terremoto en Argelia provocó el súbito aumento del nivel del mar en el puerto de Palma. “No entendíamos que pasaba, todas las pasarelas estaban floltando”, recuerda. Con todo, “el de Palma es un puerto muy bien protegido y seguro, aunque nunca hay que bajar la guardia. Ni con los temporales ni ante la posibilidad de que se produzca un vertido o un incendio. Para ello disponemos de material para dar la primera respuesta a incidencias de este tipo y realizamos un simulacro de emergencia anual, en el que participan el resto de departamentos del club”, añade.

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